Los Travellers

by Oriol Bruc,

Los Travellers | itfashion.com

Un Thunderbird azul espera aparcado en la inmensidad del desierto de Arizona. El motor emite un débil zumbido, casi inaudible, ahogado por las respiraciones entrecortadas de las ocupantes del vehículo, que permanecen inmóviles en los asientos de cuero. Una gota de sudor, frío como el hielo, les resbala lentamente desde la nuca; el espeluznante despliegue de coches patrulla parece perderse en la árida explanada y sólo la inmensidad del Grand Canyon aplaca la sensación de asfixia que les oprime el pecho desde hace ya demasiado tiempo. Ambas mujeres, distintas, amigas, deciden aferrarse al volante y huir de los rifles, de la justicia, de la vida en Arkansas.

Thelma y Louise redefinía en 1991 el género de road movie, de amistad y carretera, creando una imagen icónica que aún hoy permanece intacta en nuestras cabezas. Ellas, libres y cámara en mano, se tomaban el que aseguran ser el primer selfie de la historia. Susan Sarandon y Geena Davis se reunían recientemente para repetir la imagen atemporal que tomaran en su día las dos mujeres en la planicie americana. Esta vez, lejos de perderse en el coche, la imagen del viaje apareció en las redes sociales de las actrices y dio la vuelta al mundo en cuestión de minutos.

En 2014, los selfies de viajes son una forma más de autoexpresión en la red. Perfiles de todo el mundo comparten diariamente instantáneas de destinos exóticos, tropicales, históricos, paradisíacos, remotos y carísimos con los hashtags de rigor; en ellas, se habla de escapadas, descansos, relajación y desconexión. Los artífices son los denominados travellers: una nueva tribu cibernética de entre dieciocho e incontables años que se dedica, presuntamente, a viajar por los lugares más recónditos del planeta. Toman fotografías admirables y variopintas, disponen de un alto conocimiento en gastronomía y filtros y se encargan de plasmarlo en sus multitudinarias cuentas.

Los travellers son ciudadanos del mundo, habitantes del planeta, como los mochileros de siempre pero en el sentido inverso. En la era analógica, los viajes servían para obtener una experiencia, un recuerdo que quedaba grabado en la memoria de los afortunados para siempre; los selfies reposaban en marcos, álbumes y carpetas, y se convertían en un objeto cargado de significado. En la era digital, las escapadas no buscan huir de la civilización, sino adentrarse aún más en ella. Los recuerdos se borran a zancadas, la información se diluye en el tiempo y el único sentido de ese viaje es el que los demás pueden ver.

Thelma y Louise viajaban hacia un destino incierto y desconocido. Detrás de ellas, los policías, los maridos y los errores, fuerzas motrices que las empujaban hacia algo mucho más preciado que las pruebas y los recuerdos; lejos de los seguidores, del reconocimiento externo y de la afirmación personal a través de las cosas materiales, ellas avanzaban firmes y valientes hacia la libertad.

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