Normcore

by Oriol Bruc,

Campos de Maíz | itfashion.com

Las hojas secas crepitan bajo mis botas de montaña. Deambulo por algún punto de la Catalunya central, arropado por la silueta del Pedraforca y la sombra erguida de los campos de maíz. Hace frío. Me ajusto la chaqueta sobre los hombros, saboreando los primeros fríos de un otoño de árboles desnudos. El paisaje es implacablemente verde, indudablemente natural, repleto de vegetación hasta allí donde mi acomodada vista urbana me permite alcanzar. Me detengo en la explanada, impresionado por los tallos del cereal que se alzan orgullosos en la ladera, señores de su parcela de tierra, prácticamente ajenos a las atenciones que su propietario les dispensa.

Se trata de un hombre de mediana edad, vestido con una sudadera gris de corte atlético y unos tejanos, sencillos, que responden perfectamente a sus necesidades. Se desenvuelve con soltura en su territorio, subido a sus zapatillas deportivas, trabajando libremente en su comodidad. Mientras lo observo, pienso en la importancia de una buena alimentación, en la vida longeva, en los valores naturales y, como un flash, en la palabra normcore.

Confundido, saco el teléfono móvil y realizo una rápida búsqueda del término, allí, en pleno campo de maíz, gracias a las ventajas de una sociedad tecnológica. Google me cuenta que, efectivamente, el término normcore hace referencia a la no-moda, a las sudaderas, a los pantalones básicos, a las bambas y las camisetas de algodón de Fruit of the Loom. Es la tendencia de la antitendencia, la respuesta a una moda demasiado rápida, la intención de vestir sin ninguna particularidad y dejar de buscar la individualidad a través de la ropa.

Del normcore paso a la dieta de colores, a la comida flexiteriana y a la alimentación paleo, que se basa en la comida que ingerían nuestros colegas en el paleolítico. Todo habla de la vuelta a lo básico, a lo sencillo, a la negación de la pomposidad, defendiendo la autenticidad por encima de cualquier otra cosa. Sigo investigando hasta que la sucesión de clicks me lleva a la página “Cómo conseguir tu look normcore”. Sé que es momento de cerrar el explorador.

Levanto la vista y veo que sigo allí, en la montaña, preguntándome si aquel hombre sabe que se trata de un trendsetter. Él se percata de mi presencia y me saluda con un breve gesto con la mano, pese a que nunca nos hemos visto ni probablemente lo volvamos a hacer. Aquí las cosas se hacen así. Y mientras yo intento buscar la palabra para definir su estilo, el mío, y etiquetar todo lo que me está pasando por la cabeza, él vuelve al trabajo, estudiando su campo, calculando la cantidad de cereal que podrá obtener este año. Después de todo, otoño es tiempo de recoger el maíz.

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