¿Arriesgarse para crear? No, gracias

by Pablo Gandia,

Mark Peckmezian
Mark Peckmezian

En los últimos meses el minimalismo se ha convertido en viral. Incluso si me lo permitís, en una obsesión estética. Los usuarios de Tumblr e Instagram han exprimido al máximo una tendencia que, después de más de cincuenta años, aún continúa siendo resolutiva y visualmente apetecible. Sin embargo, el movimiento liderado por el pintor Ad Reinhardt, el arquitecto Mies van der Rohe o el indefinible Marcel Duchamp, ha experimentado a día de hoy un proceso inverso al de los años sesenta. Y es que si el minimalismo partió de las esferas artísticas para impregnar cualquier ámbito de la realidad social, ahora son los propios individuos de a pie quienes, a través de un simple clic en su smartphone, nutren la inspiración de pintores, diseñadores y fotógrafos de moda. Las redes sociales son en consecuencia los nuevos museos del siglo XXI: un fiel reflejo de lo que se está gestando en las mentes de los más jóvenes, pero también de los adultos que desean eternamente la modernidad. Por eso, no es de extrañar que la reducción a lo “esencial” haya logrado triunfar en la red. Al fin y al cabo nosotros hemos escogido ser la primera sociedad visual. Y entre el texto o la imagen, hemos abandonado Twitter para abrazar Instagram.

Charlie Engman
Charlie Engman

Que el minimalismo vuelva a ser popular en la historia produce también consecuencias negativas. Por ejemplo, acomodarse a lo establecido, generar siempre los mismos contenidos y caer en una monotonía donde diferenciarse es sinónimo de arriesgar demasiado. Como cualquier fenómeno viral, pensaréis. Pero, por primera vez, recorrer las galerías de las redes sociales es tremendamente aburrido. 40 millones de imágenes se publican al día. La mayoría de ellas sobre platos de comida en restaurantes de diseño. Miles de fotografías sobre edificios al más puro estilo de la Bauhaus. Y cientos de shootings copiados, literalmente, del trabajo de Charlie Engman o Mark Peckmezian. Abrumador, ¿verdad?

Es este último aspecto con el que pretendo abrir una herida en la fotografía de moda. Darse cuenta de que la inspiración actual se reduce a dos grandes fotógrafos -abanderados del minimalismo contemporáneo- puede ser, según qué gustos, una buena o mala noticia. Pero descubrir que la creatividad en Internet se limita a reproducir sus obras, y a etiquetar las imitaciones como innovadoras, resulta cuanto menos frustrante. Sobre todo si entendemos que tan solo se trata de una injusta moda pasajera, al servicio del rápido consumo visual.

Quizás ha llegado el momento de decir adiós a los cactus, a las modelos nórdicas y a la combinación de las estatuas griegas con los cuerpos masculinos. No porque no sean interesantes ni mucho menos atractivas –no voy a ser yo quien juzgue lo cool en la sociedad-, sino porque debemos buscar nuevas formas de expresión. Ya no sirve contraponer maniquíes reales con arquitecturas sorprendentes, o mostrar en las fotografías los equipos y procesos de producción, anteriormente escondidos. Todos aquellos que utilizamos las redes sociales y las revistas de moda como fuente de inspiración, para seguir creando, nos merecemos algo más que una simple tendencia. No nos llaméis exigentes, solo entendedlo como una necesidad de supervivencia artística. De renovarse o morir.

Mark Peckmezian
Mark Peckmezian
Charlie Engman
Charlie Engman
Mark Peckmezian
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