Andreja

by Oriol Bruc,

Andreja | itfashion.com

El espejo le devuelve una imagen nítida. Ella está erguida delante de ese ser traidor, con el ceño fruncido, resiguiendo las líneas de su rostro con atención prácticamente clínica; el óvalo que lo encuadra, los pómulos prominentes, los ojos de un azul vívido bajo las cejas de heroína romántica. Su imagen se le antoja real, apropiada, como siempre había imaginado en las largas noches en vela en las que se cuestionaba lo que el destino le había dispuesto.

Andreja se atusa el pelo, resigue la línea estrecha de la cintura, contonea las caderas. “Sigue siendo la misma persona, sin ninguna diferencia, sólo con un sexo distinto”. Andrej reposa en algún lugar de su memoria, en el que guarda los últimos veintidós años de su existencia, de su infancia, de sus primeros años en una situación tremendamente injusta. No reniega de su pasado, ni lo esconde, ni pretende hacerlo desaparecer de la noche a la mañana. Andrej es Andreja, como siempre lo fue.

Sabe que está en su derecho. Cada uno “debe ser aceptado tal y como se identifica, y merece el mismo respeto que cualquier otro ser humano de este planeta”. Su decisión de hacerlo público no ha sido fácil, pero se ha armado de valor; rebuscando en lo más hondo de sus emociones, resumiendo un proceso que poca gente podría entender y plasmándolo algo nerviosa en su perfil público, se ha destapado sin tapujos ante la heterogeneidad de pensamientos.

La respuesta, inmediata, ha traído consigo muestras de apoyo, cobertura mediática y más de mil seguidores nuevos en Instagram; Andreja es noticia e Internet ha aceptado su elección gratamente. Pero también ha leído comentarios ofensivos, insultantes y consternados por su futuro como modelo ahora que se ha librado de la etiqueta “androginia”. Algunos usuarios preocupados por su trayectoria profesional han decidido que resultaba más interesante en su supuesta ambigüedad, en su etapa de cambio, en una situación más morbosa.

Pero a ella le da igual. Ha elegido, ejerciendo su derecho, y piensa hacer oídos sordos a toda crítica que el exhibicionismo público pueda acarrear. Andreja sigue mirándose en el espejo, que le muestra su belleza sin matices, pero sigue más allá de sus ojos, de sus labios, de sus manos, y no puede evitar sonreír. Hoy, detrás de su cabello rubio y de esa piel de porcelana, ve a una persona valiente.

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