Martin Lamothe

by Gemma Cuadrado Soler,

CONTRA2 La Contraportada: Martin Lamothe | itfashion.com

La vida me ha enseñado a ir más a saco

Elena Martín. 36 años. Diseñadora y Directora Artística en Martin Lamothe, su propia firma desde 2007. Imprudente y tenaz. La experimentación y la creación de tejidos son su mayor seña de identidad.

Elena llega tarde, en bici, tacones y mil bolsas a cada lado del manillar. Viste de Martin Lamothe, una camisa con transparencias. La evidencia se convierte en sobriedad. Y en fuerza. Habla mucho pero pausado. Sus palabras se clavan como sus piernas en el suelo al andar. También hablan sus prendas. Acaricio tejidos plisados, prendas pesadas y estampados complicados; me explican que Elena es firme, estricta y clara. La narrativa reemplaza el confort. El mensaje se impone a la tendencia. Elena es especial. Su ropa también.

DETRÁS DE MARTIN LAMOTHE

¿Qué dirías que explican tus prendas? “Han evolucionado mucho. Antes era más emotiva y onírica. Mi narrativa venía de sensaciones y viajes. Muchas veces me he apoyado en fotógrafos que han visitado los mismos lugares que a mí me hayan podido inspirar. Pero cada vez son prendas más estrictas. Cada vez quiero una sensación más concreta y que la persona sea muy consciente de lo que lleva: el material, la rigidez o el ruido que hace al caminar.” ¿La narrativa es siempre el punto de partida de tus colecciones? “Siempre, el brainstorming es lo primero. Después empiezo por los tejidos y los estampados. Haciéndole caso al tejido la colección sale sola.” ¿Cuánto puedes tardar en hacer una colección? “Muy poco, si estoy muy inspirada y tengo dos asistentes muy cañeros. Me puedo pasar cuatro meses para conseguir dos texturas, pero una vez tengo lo que quiero de la colección, como soy patronista, es muy fácil.” ¿Qué es lo que te empuja definitivamente a crear tu propia firma? “Toda la vida lo quise hacer, pero fue un momento en el que estaba harta de diseñar tejanos para Miró Jeans y justo era el Bread & Butter. Decidí inscribirme y mandé mi última colección del Saint Martins, donde estudié el máster, y me contestaron que tenía 50 metros cuadrados gratis. Tenía un mes para hacer una nueva colección. Lo hice todo negro y plisado y con 32 pantalones diferentes que me habían anulado en Miró Jeans. Tenía tanta pantalonería en la cabeza que vomité todo lo que no había podido hacer en dos años. Yo creo que si me lo hubiese planteado nunca lo habría empezado porque soy muy perfeccionista, pero la vida me ha enseñado a ir más a saco.” ¿Dónde encuentra mercado un prêt-à-porter tan arriesgado? “Mi mejor mercado es America. Cuando hacía prendas más suaves y ligeras era Japón o Korea. Ahora hago más armado y va más orientado a mujeres altas y grandes, porque no les importará llevar una prenda estructurada o que pese. A mi me compra esa parte intelectual de Los Ángeles, metidos en el mundo del cine, de la música o de la arquitectura. Son gente que tiene dinero pero también cultura. En España la cultura y el dinero no siempre están unidas.” ¿Crees que esta cultura de moda llegará algún día a España? “La gente que ahora tiene 20 años tiene muchísima más cultura de moda. El problema que nos pasa aquí es que cuando tienen 30 años y empiezan a tener hijos cambian. Tengo muchos amigos que son la bomba, con un criterio muy concreto, pero les ves ir a una boda y parecen sus padres. Son incapaces de trasladar este criterio a un evento más importante. Eso es lo que yo pretendo.” ¿Hay alguna colección que hable de ti? “Chance es mi colección más emotiva. Va sobre la mujer, me salió todo rodado y muy natural. El corte y la manipulación de los tejidos fue muy difícil. Había gente llorando por todas partes. Pero fue preciosa porque el concepto de la colección era muy bonito. La música la extraje a partir de entrevistas a mujeres que eran representativas de la época y que me dijeron sus grupos favoritos. Era toda negra, igual que mi primera colección. Fue sobre mí totalmente. Me acababa de separar y fue un cambio muy importante en mi vida. Pero tanto Water Olympics como Chance me ayudaron mucho, porque cuando empiezo una colección me olvido de todo, ya puede caer una bomba nuclear. Ese es mi momento de desequilibrio, se me va, dejo de tener los pies en el suelo.”

DENTRO DE MARTIN LAMOTHE

Felipe Salgado nos dijo que eras de las pocas diseñadoras españolas que se tiraba a la piscina por donde no cubre. ¿Nunca has tenido miedo a ahogarte? “No, ¡y he estado tan a punto! La colección Water Olypmpics la repetí entera en tres semanas. Una ruina. No conseguí que las prendas fueran ligeras, y la colección tenía que ser ligera. Me di cuenta de que el milimetraje de resinado que le había metido a todas las prendas para el acabado era demasiado. Parecían prendas de esquiar. Tendría que haberlas cortado al láser, troquelarlo todo e inyectarlo para no tener que coser. Empezamos todas las piezas de nuevo, fue una locura.” Pero lo conseguisteis. “Todo el mundo se pensaba que no llegábamos. El desfile era a las 5 de la tarde y yo la madrugada anterior hice los tres vestidos de la colección: los patroné, los corté y los cosí. Anulé cinco prendas con las que habíamos estado meses trabajando porque no estaban bien acabadas. Eso me pasa por no ser Yves Saint Laurent y no tener un taller técnico que te lo corte al láser perfecto. Me pasó por meterme en historias de tecnología de tejido de alta moda. Después vendo las patentes de los tejidos a grandes empresas y ellos tienen los recursos. Pero bueno, me lo paso bien y aprendo.” Pero no era la primera vez que repetías una colección a pocas semanas del desfile. “Otra vez me pasó algo diferente. Me había forzado a empezar la colección con mucho tiempo para que no me pasaran estas cosas. Me basé en un efecto pero sin ninguna historia detrás. El resultado fue que no me la creía. Era 15 de Julio y no sabía de qué hacer la colección, me había bloqueado. Al final me inspiré en el fotógrafo que hacía las fotos a las mansiones modernistas de Los Ángeles de los años 50, donde vivía la intelectualidad de la época. Lo junté con el bebop, el jazz y la generación beat y salió la colección Case Study Houses. ¡Eso me pasó por empezarla con tiempo! ¿Fue la colección más complicada? No, la más complicada fue Mechanics, aunque en esa no me equivoqué nada. Me vino la inspiración en septiembre y desde entonces empecé la colección. Yo solamente corrijo una vez los patrones pero con esta colección llegué a hacer 35 versiones del primer modelo. En diciembre todavía no había conseguido exactamente la primera prenda. Era la colección de las piezas, estaba todo mecanizado. No era patronaje normal. Fue un drama, pero por complejo, no porque me equivocara. Esa colección fue perfecta en cuanto a narrativa e impecable a nivel de sastrería. De esa colección me he ido nutriendo tres o cuatro colecciones más. La más difícil y para mí la mejor.” ¿Es de la que te sientes más orgullosa? “Sí, pero también me siento muy orgullosa de Water Olympics porque era la más difícil a nivel de concepto. Es a la que menos gente le gusta porque las prendas están muy avanzadas. En cuatro o cinco años se podrá llevar en la calle. Es una colección difícil y en el límite entre lo feo y lo bonito. Estaba rozando lo horroroso. Para mí ésta es la mejor línea que hay. Mechanics es duro y agresivo pero no hay ninguna prenda fea.” Muchas veces hablas de sensualidad intelectual. ¿Cómo entiendes la sensualidad femenina? “Un vestido de Martin Lamothe con transparencias es muy difícil que sea sexual. No es una sexualidad obvia sino que lo importante es lo que guarda la persona, aunque vayas en cueros. Para el estilo de mujer para el que yo diseño es su forma de ser sexy. Yo puedo hacer un vestido de noche de seda y con escote, pero que alguien lo vea y piense que es un gran vestido para una lectura de poesía. Un vestido que llevaría Sarah Jessica Parker o Tilda Swinton.”

ANTES Y DESPUÉS DE MARTIN LAMOTHE

En Londres y con 20 y pocos trabajaste de asistente de Vivienne Westwood y de Alexander McQueen. ¿Qué aprendiste de ellos? “Mucho, creo que trabajo como ellos. Aprendí que todo se puede hacer siempre mejor y que hasta que no presentas una colección siempre se puede mejorar. Aprendí a ser muy estricta conmigo misma y a no presentar nada de lo que no estuviera orgullosa. Aunque te haya costado 5 meses hacerlo, si no vale, no vale. Vivienne Westwood me enseñó a crear una familia, era una persona con muy buen rollo y con mucho sentido del humor. Ahora son empresas pero en mi época seguían siendo ateliers de diseñadores. Mi carácter en ese sentido se lo debo a ellos: se lo gastaban todo en la siguiente colección. Siempre iban tirados, sin un duro. Y tú, ¿qué les aconsejas a tus alumnos? “Que lo hagan todo por amor. Es un mundo demasiado difícil. Si no lo van a hacer por amor que se dediquen a la pronto moda, que también está muy bien porque trabajas haciendo cosas bonitas.” ¿Cómo te sientes cuando tus asistentes al cabo de los años acaban siendo diseñadores reconocidos? “Soy como una mami. Ahora estoy emocionadísima porque el asistente de mi vida ha hecho la mejor colección que he visto en mucho tiempo. He visto al coordinador de moda llorar. En primero de carrera vino conmigo y le enseñé a hacer estampados con el ordenador, pero sobretodo a pensar como Martin Lamothe a partir de una imagen. Fue como poner mi cerebro en otra persona, pero ahora su marca propia nunca tendría estampados, no tiene nada que ver conmigo. Es muy bonito haber creado una madurez tan bestia en una persona de 20 años. A American Perez también la tuve de alumna. Hasta la junté con su pareja actual. También tuve a Elena Gallego, a los del Colmillo de Morsa o a Guillem Rodríguez. ¡Pregúntame a quién no he tenido de alumno! Es muy bonito, eso es lo que viví yo en Londres.” También has trabajado como coolhunter para empresas de España y Estados Unidos. ¿En qué se basaba tu trabajo? “Hacía estudios de mercado sobre nuevas tecnologías, bebidas, ropa y ocio. Me tenían como a una trendsetter, alguien que puede empezar una tendencia. Yo les informaba de lo que la gente querría en el caso de entrar cierta marca a un determinado mercado, o cómo ponerlo de moda. Hacía mucho trabajo de campo, encuestas sin que la gente se diera cuenta. En una ocasión tuve que investigar qué símbolos de belleza tenía el hombre y mi conclusión fue que en España o lo hacías vintage o no entraba. Y creo que en casi toda Europa se llegó a la misma conclusión.” No sigues las tendencias pero te interesan. “Me encantan. De hecho en la universidad doy clases de tribus urbanas y de tendencias del siglo XX. Me nutro de ellas pero no para imitarlas o seguirlas, aunque muchas veces me influyen. A veces la clavo sin darme cuenta, como con mi colección Water Olympics. Yo sabía que quería agua, pero una agua Martin Lamothe, y la encontré en los campeonatos mundiales de natación. Poder, disciplina, superioridad y fuerza. Y este ha sido el verano del agua y del sea punk. En ese caso estuve en el mismo momento que los que inician las tendencias.” Has trabajado de estilista, de asistente de grandes diseñadores, de directora de diseño en Miró Jeans y has lanzado tu propia firma. ¿Qué te queda por experimentar? “Ahora mismo tengo un proyecto paralelo, un centro de investigación de tejidos avanzado y artístico. Se trataría básicamente de crear tejidos a partir de una idea. A mí lo que realmente me gusta hacer es inventarme costuras y tejidos para que una colección sea como es.”

Chance, Autumn/Winter 2014/15
Chance, Autumn/Winter 2014/15
Water Olympics, Spring Summer 2014
Water Olympics, Spring Summer 2014
Mechanics, Autumn/Winter 2013/14
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Al Fresco, Spring Summer 2013
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Park Life, Autumn/Winter 2012/13
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Pop up the volume!, Spring/Summer 2012
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Autumn/Winter 2011/12
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Spring Summer 2011
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