Las “nolitas” de Sally Mann

by Patricia Valero,

Fotografiar niñas es complicado. Y puede resultar bastante polémico. Sólo hay que recordar el revuelo que causó el editorial de Tom Ford protagonizado por modelos de muy corta edad, publicado en Vogue París en diciembre del 2010, que, dicen, hizo dimitir a su entonces directora, Carine Roitfeld. Se acusó sobre todo a la publicación de sexualizar a las niñas a través del maquillaje y la ropa.

Dejando de lado lo acertado o no del editorial, equiparar maquillaje y ropa con sexualidad femenina parece un tanto reduccionista; en realidad, parece querer demonizar la propia sexualidad como algo vulgar, superficial, cuando se trata de parte natural del desarrollo de una mujer.

Además, la polémica refleja claramente el doble rasero con el que funciona nuestra sociedad: sobreprotegemos a la infancia pero hipersexualizamos todo lo demás. Pero ¿cuándo empieza una y acaba la otra? ¿Cuándo una niña deja de ser niña y se convierte en mujer? ¿Por qué ponemos el grito en el cielo al ver a niñas de diez años en un editorial de moda pero nos parece bien que desfilen niñas de catorce?

En la presentación de la pasada edición de Getxophoto, dedicada a la infancia, su comisario Frank Kalero hacía la siguiente reflexión:

“La infancia no existe para la naturaleza, solo para el hombre moderno. […] Oficialmente, el concepto niño nace en 1924 […]. A partir de ahí la infancia se define, acota y salvaguarda. […] Hemos creado toda una serie de instituciones que han estandarizado la idea de infancia, protegiendo y tutelando a los menores. El efecto ha sido que el niño se ha alejado del mundo del adulto de un modo dramático y se ha convertido en un ente extremadamente frágil, del que toda la sociedad es responsable. Hemos creado un muro psicológico que separa a los niños del resto de conceptos que manejamos. El adulto ha proyectado su idea de infancia sobre sus hijos, ha proyectado sus estereotipos, fantasías y demencias y les ha dado forma de norma.”

Y por ende, dicho adulto ha querido cerrar los ojos ante el inevitable paso de esos hijos hacia la edad adulta. Por contra, la serie de fotografías At Twelve, de Sally Mann, ofrece una visión valiente y sin tapujos de ese momento tan delicado: en un conjunto de 35 retratos en blanco y negro, realizada entre 1983 y 1985, publicada en 1988 y que se pudo ver hasta hace unos días en la galería La Fábrica, la artista retrata a una serie de niñas de 12 años que están justo en el momento en el que sus cuerpos las llevan de la infancia a la madurez, mostrando su sexualidad incipiente como un momento complicado y confuso para ellas, pero no algo que deba esconderse. Vemos que algunas están más cómodas con su cuerpo que otras, unas miran desafiantes a la cámara, otras parecen querer seguir siendo niñas en los brazos de papá…

Recabando información sobre esta serie en Google es habitual encontrar el apelativo “lolita” para referirse a estas niñas, pero ¿qué tienen en realidad de “lolitas”? ¿No será más bien producto de la imaginación de quién las mira? ¿Por qué no contemplar ese proceso de niña a mujer con naturalidad y desligarla de cualquier tipo de perversión? Quizá la solución para retratar a estas niñas como “nolitas” (no-lolitas) pase por tener más fotógrafas como Sally Mann para empezar a cambiar la percepción de todos esos Humbert Humberts que pululan por ahí…

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