Alix in Wonderland

by Patricia Valero,

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Dice lo siguiente el siempre certero Joan Fontcuberta en su ensayo “La danza de los espejos. Identidad y flujos fotográficos en Internet”:

El espejo encapsula una realidad simétrica y oculta cuyo acceso es tentador. Por eso cuando Lewis Carroll hace que Alicia atraviese el espejo en la segunda parte de sus aventuras, la está haciendo ingresar en un universo que resulta aún más prodigioso que aquel país de las maravillas ya visitado en sus primeras escaramuzas. Alicia no quiere reconocerse en el espejo, no desea en absoluto que el espejo le devuelva la verdad como en la leyenda de Blancanieves y la bruja envidiosa de su belleza: lo que pretende es escabullirse en su ficción.

Literatura y fantasía abundan en la dimensión mágica y reveladora de los espejos. Como también lo hacen la religión, el folclore, el arte, la ciencia y la sicología. Utilizamos los espejos para indagar la identidad y construir nuestros símbolos. En ese sentido anticipan en nuestra civilización de la imagen un gesto pre-fotográfico: atañen a la necesidad y al gusto de mirarnos, y a la necesidad y al gusto de compartir esa mirada. Espejos y cámaras definen el carácter panóptico y escópico de nuestra sociedad: todo está dado a una visión absoluta y a todos nos guía el placer de mirar.

Con la proliferación de las cámaras digitales y la incorporación de cámaras en teléfonos celulares aparecen los reflectogramas, un nuevo género de imágenes tremendamente popular en Internet: ubicuos autorretratos realizados sobre todo por jóvenes y adolescentes frente a espejos (en los que además, como cerrando el círculo perceptivo, queda plasmada la propia cámara como dispositivo de registro). Espejos en lugares de intimidad como cuartos de baño, habitaciones de estudiante, de hoteles, lavabos de discotecas y de otros locales de ocio, probadores de tienda de ropa, ascensores, retrovisores de automóviles… En estas fotos la voluntad lúdica y autoexploratoria prevalece sobre la memoria.”

Nada mejor para desintoxicarnos de tan ubicuos reflectogramas que echar un vistazo a los autorretratos del fotógrafo Alberto García-Alix expuestos desde principios de mes en La Virreina – Centro de la Imagen de Barcelona. Aunque muchos se alejan de la definición de autorretrato al uso y muestran objetos, estancias o edificios, todas las instantáneas observadas en su conjunto se convierten en un gran autorretrato expandido que da cuenta de la voluntad del fotógrafo de escudriñar su persona y el propio medio fotográfico para encontrase a sí mismo.

Tras visitar la muestra, llaman la atención las declaraciones hechas a los medios por García-Alix con motivo de la inauguración de la misma: “Me da un poco de vergüenza esta exposición de autorretratos. Me da mucho pudor. Hay veces que me miro y no me reconozco. Me pregunto: ‘¿este soy yo?’”. El fotógrafo, como Alicia, parece no querer reconocerse en el espejo, sino que más bien pretende escabullirse en su propia autoficción.

Autorretrato con máscara, 2004. Alberto García-Alix Alix in Wonderland_6 Alix in wonderland_5 Alix in Wonderland_4 Alix in Wonderland_3 Alix in Wonderland_2 Alix in Wonderland_8

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