#FashionStories: Del infierno migratorio de Libia a los bolsos italianos

by Raquel Bueno,

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© Miguel Medina para AFP.

El fin de un ciclo debería servirnos para reflexionar. Para mostrar gratitud y contentarnos por todo aquello que hemos hecho bien pero para ser muy críticos, también, con todo aquello que podríamos haber hecho mejor. La reflexión es aquello que nos lleva a superarnos, y este es precisamente uno de nuestros objetivos principales para el nuevo año que comienza: encontrar las piezas que no funcionan bien en el sistema y reemplazarlas para crear uno nuevo que sea mucho más justo, más respetuoso y más libre.

Y en este camino hacia el cambio, las historias que encontramos y que son capaces de actuar como píldoras de inspiración son infinitas. Hoy os descubrimos la de Bassirou, un joven nativo de Burkina Faso que con tan solo 26 años ha pasado de realizar trabajos forzados en Libia a tener su propio trabajo como miembro fundador en una start-up de moda italiana. Y todo en tan solo dos años, y gracias a su impresionante habilidad con las tijeras.

El joven es el estudiante más destacado de un nuevo proyecto para entrenar a todos aquellos solicitantes de asilo en una de las maestrías artesanas más representativas de Italia: los bolsos de cuero. Ahora, tras una formación de quince meses, Bassirou es ya el primer empleado de una pequeña empresa creada con la intención de convertir el proyecto en una empresa independiente y autosuficiente.

Él, como tantos otros, huyó temiendo por su vida inmerso en las secuelas de otro golpe militar en la empobrecida antigua colonia francesa, al oeste de África. Ahora aguarda al resultado de su solicitud de asilo en Italia, junto a cuatrocientos migrantes recién llegados más de quienes se encarga Lai-momo, una cooperativa social financiada por la Unión Europea que gestiona el proyecto sobre el aprendizaje del cuero en el pequeño pueblo de Lama Di Reno, cerca de Bolonia.

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Issa, otro de los emigrantes de Burkina Faso compañero de Bassirou, es otro de los 18 participantes del programa de realización de bolsos de cuero. Trabaja en una maquina de coser con la ayuda de una voluntaria. © Miguel Medina para AFP.

Pero la decisión de dejar el hogar no fue fácil para Bassirou, y probablemente la hubiera reconsiderado de haber sabido de los horrores que le esperaban en Libia, el punto de partida para la gran mayoría de los africanos que intentan llegar a la meca europea. Allí se realizan todavía subastas de esclavos, por mucho que nos empeñemos en cerrar los ojos y mirar hacia otro lado. Así lo afirmaba Bassirou a la televisión de la Agence France Presse:

Pude probarlo. Nos pusieron en prisión. En cualquier momento podían entrar y obligarnos a realizar trabajos forzados, todo tipo de trabajos. Nunca nos dieron suficiente para comer. Todo ello es esclavitud.

Bassirou se vió obligado a soportar estas condiciones durante los cuatro meses que los traficantes a cargo de su destino tardaron en meterlo en un bote inflable hacia Europa junto a otras más de cien personas. Afortunadamente, su humilde barcaza se vería descubierta por un barco británico. La fecha, el 20 de marzo de 2016, permanecerá en su memoria como si se tratara de tinta en la piel. Aunque ahora sueña con poder abrir su propia tienda, dejando cada vez más atrás el dolor gracias a la distracción y el sosiego que le proporciona el mundo de la moda.

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© Lai-momo Cooperativa Sociale.

El objetivo latente detrás del proyecto, de hecho, es proporcionar a estas personas la capacidad y las habilidades necesarias para ingresar en el mercado laboral italiano, pero también en el caso de un potencial retorno a su país de origen. Así lo afirmaba Andrea Marchesini Reggiano, el presidente de Lai-momo. El proyecto Lama Di Reno es, en realidad, parte de un programa mayor supervisado por la Iniciativa de Moda Ética a cargo de las Naciones Unidas y el Centro de Comercio Internacional respaldado por la Organización Mundial del Comercio con el propósito de crear nuevas oportunidades económicas en los países desarrollados que ayuden a frenar la migración irregular.

Por eso, en el fondo, creemos en la moda: porque es capaz de brindarnos una segunda oportunidad. Y este año nos hemos empeñado en mostrarnos todavía más exigentes, si cabe, con el universo en el que habitamos; y en demostrarle a todo aquel que crea que este es el sistema en el que nos ha tocado vivir –y que no hay alternativa–, que se equivoca: que una nueva y mejor forma de entender la moda es posible y, cuando la alcancemos, el cielo será el límite. 2018, vamos a por ti.

 

Vía: Fashion United.