Entre vender y crear

by Isabel Serra,

“Son tiempos inciertos para las revistas de moda”, sentenciaba en 2016 The Business of Fashion. Entonces, ¿a quién se le ocurre montar una revista precisamente ahora? A él: Pablo Gandía, viejo conocido nuestro y amante del oficio, que hace unas semanas lanzaba en la red su nuevo proyecto, Incessants, donde todos pueden decir la suya. En Incessants la sinceridad reina y todos hablan sin tapujos (¿de eso iba el periodismo, no?): si se quiere criticar al mismísimo MET, se hace, aunque sólo sea de refilón. Y punto. Sin grandes presupuestos y sin un cojín editorial pero con calidad de contenido y respeto por el periodismo bien hecho. Entre vender(se) o crear, Incessants apuesta doble a lo segundo. Aunque ya se sabe lo que se dice, nadie dijo que sería fácil.

Alex Badia fotografiado por Josep Fonti
Alex Badia fotografiado por Josep Fonti

¿Cómo te vino la idea de fundar tu propia revista? ¿Era algo que te rondaba por la cabeza o fue una iluminación?

Más bien fue una necesidad ¿sabes? Un periodista que sale ahora de la universidad, en 2017, no puede esperar a que la gente que hay en las revistas, que ronda los 30-40 años, se jubile, porque eso supondría estar los próximos 20 o 30 años esclavizado como becario, o circulando de un trabajo a otro con un sueldo mísero. Y al final llega un día en que dices “basta, hasta aquí hemos llegado, voy a montar algo por mí mismo”. Y mucha gente joven ya lo está haciendo. Y para las revistas consolidadas eso va a ser una amenaza mucho más fuerte que la crisis económica, porque de lo que no se dan cuenta es que los millennials, como suelen llamarnos, no todos somos de consumo rápido, faltaría más. A todos no nos interesan las listas de las mejor vestidas, el rosa palo como pantone de la temporada, la barbería más clandestina de Nueva York o, yo que sé, la nueva gilipollez que ha nacido en la sociedad en forma de anglicismo. No todos somos así, lo siento, y pronto esas revistas van a atravesar un bache enorme si no remodelan su información.

Digo pronto, pero en realidad ya hemos visto lo que le ha pasado a la versión española de Vogue, que ha tenido que cambiar su equipo directivo porque bajaron las ventas de manera crítica. Puede que ahora muchos estén pensando que esto es una opinión de un veinteañero inexperto, pero no lo digo yo, lo dice Business of Fashion. En 2017, las firmas y los medios van a tener que cambiar su forma de acercarse a los millennials y a los jubilados. Y es una realidad a la que deberán enfrentarse si no quieren que les pase como a la Biblia, que ya no hay ni cristo que la lea.

¿Y por qué Incessants?

Porque suena cool. No, es broma. En realidad porque define a una generación, la mía y la tuya, que ha sido juzgada hasta la saciedad. Me pasé toda mi etapa del instituto aguantando a profesores que me decían que no iba a estar preparado para la vida. Luego nos llamaron la generación ni-ni, la del botellón y, ya sabes, todas esas etiquetas facilonas. Pero fíjate, a pesar de que nos han señalado con el dedo desde que nacimos, seguimos en pie, y aquí estamos, estudiando sin becas, emigrando para buscar un trabajo, sosteniendo una Europa que se resquebraja e intentando no apartar la mirada ante un mundo, en el que nacerán nuestros hijos, que tenía pinta de estar globalizado pero que al final no. Por no hablar del terrorismo internacional. Y la palabra ‘Incessants’, que en este caso no viene del francés sino del valenciano (que se note el orgullo provinciano), define a toda esa gente que pertenece o no a nuestra generación, que está incesante, moviéndose y haciendo cosillas para que nos divirtamos pensando.

Igor Uria fotografiado por Alex Cascallana
Igor Uria fotografiado por Alex Cascallana

¿Echabas en falta una revista más íntima, centrada en la conversación?

No te creas. Haberlas las hay. Mira The Talks o 032c. Lo que echaba de menos es una revista que fuese sincera con su lector. Conmigo. Nadie se cree ya que un personaje es portada por su contribución al mundo. Lo es por tres razones: porque ha hecho una película y tiene que promocionarla, porque colabora con la marca que financia el medio, o porque es una modelo o alguien influyente con no se cuántos seguidores. Y entiendo que la cosa funcione así, es un negocio, por supuesto, pero yo no voy a gastarme 5 euros al mes en una revista que me esté vendiendo cosas, porque para eso me pongo la teletienda mientras como helado de bote. Piénsalo: hay mil maneras con las que entretenerse, así que tú, como editora, debes darme una razón de peso para que antes de dormir no vea una serie de Netflix o de la HBO, o no me meta en Tinder. Y esa razón de peso está en la calidad de un reportaje o de una conversación, que oye, nunca hay que confundirla con una entrevista.

¿Qué tiene tu revista que no tengan las demás?

¿Un presupuesto de risa? Quizás esto suene prepotente, pero sí, Incessants se está haciendo literalmente sin un duro.

¿Cómo eliges a las personas? ¿Qué tienen que tener? 

Han de ser interesantes. Pero que tus fotos sean la hostia o te hayas convertido en la directora del New York Times no te hace interesante. I’m so sorry: la cosa no va por ahí. Debe haber algo más. A veces hace falta una capacidad enorme para reírse de uno mismo o a veces una pedantería insoportable. La gente que me provoca normalmente es la que mejor funciona, porque ese juego despierta interés. Y a veces hasta saltan chispas.

 

Topacio Fresh fotografiada por Aaron Serrano
Topacio Fresh fotografiada por Aaron Serrano

¿Con qué dificultades te has encontrado para lanzarla?

¿Te soy sincero o te respondo formalmente? Déjame pensar; no quiero ponerme a criticar a todo quisqui. Bueno, en realidad, lo más complicado ha sido lidiar con los representantes de los actores. Cuando empecé el proyecto me planteé charlar con varias actrices, pero al final ha sido imposible, y todo porque en ese momento no estaban promocionando ninguna película. ¿De verdad hace falta un proyecto de por medio para que un actor se pronuncie? A mí no me interesa que me digas lo genial que ha salido la película y lo fácil que ha sido rodar con tu director. Ese discurso lo llevamos aprendido de casa, aunque sea mentira y ni siquiera la productora te haya pagado la mitad de lo que acordasteis. Eres un personaje público, te guste o no, y contigo quiero hablar de otras cosas. Por ejemplo, de que os castiguen tanto por expresar vuestras ideologías. ¿Hace falta que os den un premio y os subáis a un escenario para hablar de lo mal que lo estáis pasando?

¿Qué consejo le darías a alguien que quiera empezar en este mundo?

Quizás no sea la persona más adecuada para dar consejos, porque yo no vivo de esto. Mi sueldo me lo saco echando horas en el almacén de una tienda de ropa, lo que es algo que nadie espera hacer cuando sale de la universidad. Pero hay una parte buena, y es la libertad que todo esto te aporta en el oficio de editor o periodista. Dudo mucho de que hubiese podido hacer preguntas incómodas si trabajase en un medio potente. En serio. Y solo por eso vale la pena no vivir de lo que uno ha estudiado.

¿Otros consejos? Que no os metáis a una escuela de moda. Meteros en una facultad de historia, de política, de comunicación, de lo que os dé la gana. Pero despertad otros intereses antes de poneros a escribir o a hacer fotos, o a diseñar ropa. Es importante que el discurso de uno mismo sea transversal, que tenga un trasfondo. Incluso una vez al mes daros una vuelta por el barrio Salamanca y observad cuáles son los clientes potenciales. Preguntaros por qué los chinos están sacando a flote a las firmas de prêt-à-porter, por qué la economía china ha crecido tanto. Ese sería un buen principio para darse cuenta de que algo tan puntual como una burbuja inmobiliaria puede transformar radicalmente la industria de la moda.

 

Pep Gay fotografiado por Daniel Riera
Pep Gay fotografiado por Daniel Riera

Y, por último, ¿qué tiene que tener una buena conversación?

Una copa, un cigarro o un buffet libre de por medio. Y también un pacto entre las personas que intervienen. Muchos amigos me dicen que se me da bastante bien preguntar, pero en realidad una pregunta no funciona si el que tienes delante, bebiendo, fumando o poniéndose las botas con los postres, no está interesado en responderte. Siempre he dicho que las mejores conversaciones las tenemos en las cenas de navidad familiares, en las que hay de todo: personajes ebrios, de diferentes edades, digestiones largas y herencias. Una mezcla sublime. Una bomba de relojería.

 

 

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