Construyendo a Frida Kahlo: esta es la nueva exposición que no te puedes perder

by Raquel Bueno,

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Frida Kahlo (1939), por Nickolas Muray. © Nickolas Muray Photo Archives.

La identidad de Frida Kahlo estuvo fuertemente marcada por la moda, eso es innegable. Sus flores en el pelo, sus trenzas y sus labios rojos y fucsia fueron, junto a su entrecejo, algunos de los rasgos que contribuyeron al proceso de construcción de la artista como icono y que la siguen perpetuando como tal a día de hoy. Ella tomó posesión de su identidad y de su apariencia, la erigió con el tiempo y la acabó moldeando de forma en que ésta hablara de su fe en México y la cultura mexicana. Fue, en el fondo, un símbolo político más de su persona, una entre muchas capas de la abrumadora complejidad de la excepcional artista. Pero, por descontado, la moda jugó también un papel esencial en esa creación, de la mano de piezas que nos transportaban directamente al oasis de color y de riqueza de la cultura mexicana y que siguen latiendo, todavía, con gran intensidad en nuestro imaginario colectivo actual.

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Frida Kahlo (1939), por Nickolas Muray. © Nickolas Muray Photo Archives.

Transcurridos sesenta y cuatro años del día de su muerte, el legado artístico de Khalo –que empezaría pintando retratos y autorretratos– permanece intacto y la sigue situando como a una de las artistas femeninas mejor conocidas de la historia. Ella fue el testimonio vivo de un trabajo que exploró desde la más profunda espiritualidad hasta la controversia de la política, pasando por las dificultades causadas por su discapacidad. Un trabajo que, irónicamente, nos sigue sorprendiendo y resultando fresco a día de hoy, y que promete hacerlo durante muchas décadas más. Se han celebrado innumerables exposiciones por todo el mundo en homenaje a la singular artista, aunque la Casa Azul Museo Frida Kahlo de Ciudad de México –el sitio en el que la artista nació en 1907 y también donde murió, famoso por permanecer intacto durante cincuenta años después de su muerte– era el único museo en exponer objetos que le pertenecieron directamente a ella. Hasta ahora.

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Frida Kahlo (1939), por Nickolas Muray. © Nickolas Muray Photo Archives.

A partir del 16 de junio y hasta el 4 de noviembre de este año, el Victoria and Albert Museum de Londres, considerado una obra de arte en sí mismo, abrirá las puertas de la primera exposición más allá de las fronteras de la casa de la artista que contará con algunos de sus más preciados objetos personales. Y nosotros ya estamos saltando de la emoción. Con el nombre de Frida Kahlo: Making Her Self Up, la muestra ha sido curada por Claire Wilcox, la encargada de algunas exposiciones previas que lograron tanto renombre como la de Vivienne Westwood en 2004, Radical Fashion, o la muestra dedicada a Alexander McQueen: Savage Beauty. La conmemoración a Khalo se inspirará en otra exposición alojada en la Casa Azul en 2012, y constituirá una versión extendida de ésta que concentrará toda su atención, esta vez, en el armario de Kahlo. Y, por consiguiente, en la construcción de su poderosa identidad, que logró hablar –sin la necesidad del uso de la palabra– de ella y del extraordinario patrimonio de su país.

Claire Wilcox: Estamos construyendo la imagen de la vida de Frida – la forma en que construyó su identidad a través de dichos objetos.

“Hemos sido capaces de traer un grupo más grande de su ropa, joyas, prótesis y equipo médico junto a autoretratos y fotografías. Estamos construyendo la imagen de la vida de Frida – la forma en que construyó su identidad a través de dichos objetos. Es el hallazgo de un tesoro mostrar sus posesiones: sus cosméticos y el facsímil de su diario, hay cartas, cajas de costura, es muy personal”, apuntaba Wilcox a propósito de ello durante una entrevista en la revista británica Dazed. Y allí reside precisamente el encanto de esta inaudita exposición: Frida caminó un paso por delante de su tiempo en muchos sentidos. Fue siempre, y a pesar de tener que luchar contra una vida llena de dificultades, un ejemplo de vitalidad y energía; que se casó con el pintor más famoso del mundo en aquel momento y, aún así, siguió pintándose a si misma (y lo hacía, según sus propias palabras, porque pasaba mucho tiempo sola y era el motivo que mejor conocía). Jamás tuvo miedo de vestirse en contra de lo que dictaba la moda del momento ni de mantener su bello facial intacto, todo lo contrario: lo celebraba. De allí su atractivo y su indemne modernidad, y desde aquí la recordamos con cariño. Y contamos los días para visitar la exposición que, al igual que ella, no dejará a nadie indiferente.