Los uniformes como fuente de inspiración

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Detalle de Chanel, “Brasserie Gabrielle” 2015. Cortesía de Chanel. Foto de Eileen Costa.

Los uniformes podrían parecer la antítesis de la alta costura. Y es que mientras el objetivo de un uniforme es la funcionalidad, el control y la identificación de pertenencia a un grupo; la alta costura nos invita al cambio constante, la creatividad, la subversión y la individualidad. Sin embargo, a lo largo de la historia, la moda se ha inspirado en los uniformes de todo tipo. Sobre ello versa Uniformity (Uniformidad), la exposición que el FIT de Nueva York acoge hasta el próximo 19 de noviembre. Comisariada por Emma McClendon, curadora y asistente de vestuario en el Museo FIT, la muestra recorre cuatro tipologías de uniforme (militar, escolar, deportivo y de trabajo) utilizando piezas de su colección permanente.

Sobre los uniformes militares la exposición nos muestra cómo, claramente, han sido seguramente los uniformes que desde mitad del siglo XIX más han inspirado a todo tipo de diseñadores que han hecho suyos trenzados metálicos, cordones y botones dorados, charreteras, estampados de camuflaje y galones. Un claro ejemplo de ello es Chanel, Claire McCardell, Rei Kawakubo y, por supuesto, Jean Paul Gaultier.

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Jean Paul Gaultier, conjunto 1992. Top cortesía de Antoine Bucher. Pantalones cortesía de Michael Harrell. Foto de Eileen Costa.

De la misma manera, los uniformes escolares también han servido para despertar un amplio imaginario de firmas de moda de todos los tiempos. ¿Los elementos más explotados? Las faldas plisadas, sin lugar a dudas. En la muestra por ejemplo podemos observar el uniforme de “colegiala japonesa” que Rudi Gernreich creó en 1967 y que evidencia la sexualización de estos durante la segunda mitad del siglo XX; o el traje gris de franela con chaqueta escolar de Thom Browne.

Por lo que respecta a la temática deportiva, Uniformity nos hace reflexionar acerca del binomio de uniforme deportivo como indicador de pertenencia a un grupo versus la necesidad de individualización de sus miembros a través de números únicos e intransferibles en muchas equipaciones; numeraciones que, claramente, luego hemos visto en infinidad de colecciones sport de todo tipo de firmas. En este bloque, la exposición muestra, entre otros, el vestido de lentejuelas con patrón de camiseta de fútbol de Geoffrey Beene de 1967 así como diversas prendas de Gucci y Stella Jean con estética muy sporty.

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Geoffrey Beene, vestido “ jersey fútbol”, 1967. Cortesía del FIT. Foto de Eileen Costa.

Finalmente, una obligada parada en los uniformes de trabajo que, aunque quizás son los que menos hemos visto luego replicados en los escaparates de las avenidas comerciales, muy probablemente tras esta exposición sí que entrarán a formar parte de los mood boards de las próximas temporadas de los diseñadores que se den una vuelta por la muestra. ¿Y es que no sería tentador crear un look inspirado, por ejemplo, en este uniforme de McDonald’s de 1976?

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Stan Herman, uniforme de McDonald’s, 1976. Cortesía de Stan Herman. Foto de Eileen Costa.

Una exposición muy recomendable que, tras su visita, nos hace comprender la afirmación de la historiadora de moda Jennifer Craik quien asegura que precisamente la omnipresencia de los uniformes “ha conformado nuestra manera de ver”.

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Jean Paul Gaultier,1992. Foto Eileen Costa.
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Stan Herman, uniformes de azafatas de TWA flight, 197. Foto de Eileen Costa.
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Detalle del uniforme de coronel del ejército EE.UU, 1950. Foto de Eileen Costa.
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Chaqueta de la Universidad de Princeton, 1944. Cortesía del FIT. Foto de Eileen Costa. 

 

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