Carbón y Terciopelo, la mirada de Balenciaga y Ortiz Echagüe al traje popular

by Sònia Flotats,

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Carbón y Terciopelo es el título de la exposición que este jueves 6 de octubre inaugura el Cristóbal Balenciaga Museoa de Getaria (Gipuzkoa) y que hasta el 7 de mayo de 2017 nos invita a descubrir la relación del modisto vasco con la indumentaria popular; una relación que el museo nos muestra confrontando el trabajo de Balenciaga con la obra fotográfica de José Ortiz Echagüe, centrada en el traje popular. En total, la muestra cuenta con más de 80 obras de estos dos artistas contemporáneos para que dialoguen y ofrezcan sus interpretaciones de una realidad, la del traje popular, que se extinguía ya en las primeras décadas del siglo XX y a la que ambos, a través de trabajos de innegable calidad artística, dan vigencia y confieren una cualidad atemporal.

Hemos hablado con Ana Balda, doctorada en la política de comunicación de Balenciaga y comisaria de la exposición, para conocer mejor el porqué de la propuesta.

Ana, ¿cómo surge la idea de esta exposición?

La idea surge de la existencia de dos importantes fuentes documentales que confirman que Balenciaga desarrolló conscientemente la estética del traje popular español. La primera de ellas es el libro El traje regional de España de Isabel de Palencia, conservado en los archivos de la actual casa Balenciaga París. Se trata de una obra publicada en 1925 en la que la autora realiza un estudio del traje mediante textos explicativos y fotografías.

La segunda es la colección de indumentaria histórica, perteneciente al propio Balenciaga, y conservada actualmente en el Museo Galliera. Esta colección incluye piezas de indumentaria francesa de los siglos XVIII y XIX, pero destacan en ella algunas piezas de indumentaria tradicional española. Del estudio de esta colección, de la que algunas de las piezas están parcialmente “deconstruidas”, se concluye que Balenciaga la fue engrosando, al menos en parte, con el fin de conocer cómo se habían confeccionado.

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¿Y la idea de confrontar el trabajo de Balenciaga con el de Ortiz Echagüe?

Una vez confirmado que Balenciaga se interesó por el traje popular, la siguiente pregunta era: ¿quién cultivó la materia desde un punto de vista artístico, no meramente documental? Y la respuesta es José Ortiz Echagüe. Aunque hubo otros fotógrafos anteriores y contemporáneos que se fijaron también en el traje, él lo hace con una clara intencionalidad artística.

Pero este interés de Balenciaga y Ortiz Echagüe por el traje no es una coincidencia. Ambos compartieron un contexto cultural común en el que el traje popular adquirió protagonismo. En los años en los que Balenciaga comenzaba a trabajar como modisto en San Sebastián y Ortíz Echagüe hacía sus primeras fotografías por afición, la intelectualidad española de la generación del 98 imaginaba una España más moderna, pero necesitada recuperar la tradición escondida en los distintos rincones del país, que vivía sus últimos tiempos y que era necesario documentar para no olvidar. En este ambiente cultural, el traje popular se veía como una realidad abocada a desaparecer a causa de la industrialización y modernización del país y que, por tanto, había que preservar. Esta preocupación trascendió también al mundo del arte. Zuloaga, Sorolla y Antonio Ortíz Echagüe, por ejemplo, (hermano del fotógrafo) plasmaron también en su obra el traje popular.

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¿Qué papel juega el traje popular en el trabajo de Balenciaga?

Especialmente desde su establecimiento en París en 1937, el modisto trabajó y desarrolló múltiples relecturas de las piezas básicas de la indumentaria tradicional española; la capa y el mantón, por ejemplo, están presentes en versiones bien diferentes en la mayor parte de sus colecciones: para la noche, confeccionadas en tejidos lujosos como el terciopelo o la gasa; para el día, en paño.

Pero además, más allá de una interpretación de tal o cuál pieza, hay una lectura conceptual. Después de la Segunda Guerra Mundial, Balenciaga desarrolló siluetas más amplias que las de sus competidores (especialmente respecto a la marcada silueta New Look de 1947 de Dior), que fueron volviéndose rotundas, escultóricas y minimalistas a medida que avanzaban las décadas. Esas siluetas alternativas, sobre todo las desarrolladas en las décadas de 1940 y 1950,  se inspiran en gran medida en la silueta de las piezas básicas del traje tradicional español: el conjunto manto-basquiña y la capa.

La predilección de Balenciaga por el color negro guarda relación también con la tradición de la indumentaria popular española. El color de fondo en el  mundo rural de la España del siglo XIX y comienzos del XX; el color de la capa, y el del manto y la basquiña, era mayoritariamente el negro. Un negro que tendía con el uso a los colores parduzcos, que a Balenciaga le gustaba utilizar también.

Más información: http://www.cristobalbalenciagamuseoa.com/

Créditos imagen: Cristóbal Balenciaga Museoa

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